viernes, 29 de mayo de 2009

"El Che era una especie de Jesús"

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Ex militante de Montoneros, Eduardo Jozami analiza el accionar de la organización, relata sus años en la cárcel durante la última dictadura y analiza la Argentina de ese particular momento histórico
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POR Bárbara Rivarola


En su modesto departamento de Palermo, lo primero que resalta es una biblioteca con cientos de libros, que confiesa no haber leído en su totalidad. Eduardo Jozami, ex Titular de la Comisión Municipal de la Vivienda de la Ciudad de Buenos Aires, periodista y abogado, ceba mate despreocupado mientras reflexiona sobre algunos momentos de su militancia: “La primera vez que fui a Cuba lo hice como dirigente sindical, a una fiesta del día del trabajo el 1 de mayo del ´66, invitado por la Asociación de Trabajadores de ese país. Quien quisiera ir a ese país debía tener alguna relación política con ellos o con sectores de izquierda. En ese momento conocí a Fidel Castro, una persona muy cautivante, más en esa época que era joven. Uno puede estar de acuerdo o no en algunas cosas, pero evidentemente es uno de los líderes políticos de América Latina”, e ironiza: “No es De la Rúa a quien también conocí tanto como a Fidel”.

– ¿Qué piensa de ese momento histórico en la Argentina?
– Desde el punto de vista político tengo una visión bastante crítica con algunas cosas, lo que recupero es que nosotros sentíamos que podíamos cambiar muchas cosas en el país y en el mundo, éramos partícipes de todo eso. Para los adolescentes de hoy es casi imposible imaginar un cambio. Pensá que esa fue la época de la revolución cubana, el Mayo Francés, para muchos el Che Guevara era una especie de Jesucristo que venía a salvar al mundo.

Orgulloso de sus ideales, Jozami cuenta que se incorporó primero a Montoneros y luego a la Juventud Peronista sintiendo que era la vertiente fundamental de la lucha popular de fines de los ´60 y principios de los `70. “Incluso quienes teníamos un punto de vista distinto pensábamos que tenía sentido participar, discutir e influir. El mayor nivel de compromiso me llevó a formar parte de las estructuras de Montoneros hasta que caí preso en Septiembre del `75 hasta el ´83” y continúa: “Me detuvieron en una circunstancia bastante tonta, en un control de autos en la calle. Se ve que estaba más o menos fichado y me aplicaron la llamada ley antisubversiva”.

Si bien no parece haber quedado traumado por este hecho, no demuestra demasiado interés en contar esa parte de su vida. Mientras busca más agua para el mate, decide apagar la música jazz que tocaba de fondo.

– ¿Cómo analiza el accionar de Montoneros?
– Creo que cometieron un gravísimo error al pasar a la clandestinidad durante el gobierno constitucional de Isabel Perón. Si bien había una represión muy fuerte contra la Juventud Peronista, me parece que fue una equivocación haber salido a actuar como si estuviéramos frente a un gobierno militar. Cuando declararon el estado de sitio en noviembre del `75, ya había muchísimos presos políticos, entre ellos, todos los sindicalistas de Villa Constitución. Otro gran error me parece que fue el asesinato de José Ignacio Rucci. Se empezó a usar la violencia para dirimir problemas políticos internos en el peronismo y eso era algo que no se veía legítimo para lo s ojos de la sociedad. Por más diferencias que tuviera con los Montoneros, era un dirigente sindical que estaba muy ligado a Perón y no se podía explicar porqué fue que se lo mató. La prueba está en que nunca asumieron oficialmente la responsabilidad sobre este hecho. El efecto político de marlo a Aramburu no fue el mismo. Mucha gente que no simpatizaba con la violencia lo veía como el General que había derrocado a Perón, responsable de los fusilamientos de 1956, y para algunos fue como una especie de reparación. Después se pretendió presentar una imagen de un Aramburu democrático y tolerante, pero la verdad que la historia no prueba esto.

– ¿Por qué considera que usted se salvó?
– En parte quizás porque tuve la suerte de caer en septiembre del ´75 n una época que eran pocos los desaparecidos, todavía no existía una práctica de la desaparición. Si hubiese caído en julio del ´76 hubiese tenido menos posibilidades de sobrevivir porque en ese momento de cada cien que detenían aparecían cuatro o cinco. Yo estuve en La Plata en un pabellón donde sacaban gente para matar. En enero del año ´77 sacaron a Dardo Cabo y a otro que se llamaba Rufino Pirles para trasladarlos a Sierra Chica y al día siguiente argumentaron que los habían matado en un tiroteo porque habían querido escapar, lo cual era imposible porque viajaban esposados. Días después sacaron a toros tres, creo que éramos veinte en ese momento, afortunadamente se armó un gran lío internacional y a partir de ahí pararon. Habían armado dos pabellones con la gente que ellos pensaban que era más pesada, entre paréntesis, yo nunca fui tan pesado (risas).

– ¿Cree que es positivo el hecho de que se editen nuevos libres sobre la década del `70 en la Argentina?
– Sí, me parece muy positivo siempre y cuando se haga una investigación a fondo y no sólo se escriba sobre los aspectos sensacionalistas que ayudan a vender. Me parece que eso es lo que sucede un poco con el libro La montonera, que se terminó demasiado rápido y tiene errores como por ejemplo, cuando ponen que soy diputado justicialista, cuando nunca lo fui en mi vida. Y además tiene un error muy serio, en una nota al pie en donde se hace una mención a Roberto Quito diciendo que fue asesinado por los Montoneros, lo cual es una barbaridad. Primero porque nunca nadie sostuvo esa opinión, pero además porque cuando uno dice una cosa así, tan impactante, tiene la obligación de citar fuentes. Se nota que el libro ha sido hecho por una persona que no vivió la época, lo que puede ser hasta una ventaja a veces para acercarse con más objetividad, pero siempre que uno se tome el trabajo de hacer una investigación mucho más rigurosa, sino se pueden cometer errores elementales.

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